No paso mucho tiempo, apenas la siguiente semana de marchar Lorena conocí a otra chica, de la que no voy a decir nombre. Esta, la verdad es que era mucho mas despierta y atrevida con diferencia. Desde la segunda vez que quedamos ya me descifro. Sin cortarse lo más mínimo después de una ronda de sexo dijo. No como una pregunta, mas como afirmación. Eres bi.
Yo. Como seguía aferrado a los tópicos, le conteste que no me gustaban las etiquetas, que en mi opinión sexo es sexo y no tiene porque ser dividido o poner categorías. Que me definía mas como alguien que le encanta el placer y odia el sexo convencional. Al final se trata de disfrutar, el cómo o con quien da igual si sigues estando en ese limbo que no quieres dejar.
Le propuse ir al local SWINGER, algo que ella no conocía y acepto. No sé cómo serán por donde vivís vosotros. Y esto lo digo porque la mayoría de los andan por aquí están en EUA. Y yo en España. Pero dejo el nombre del sitio para que podáis ver como es por dentro. LUDIS. En Vigo. Pontevedra.
Para no hacer muy larga la historia resumiré lo máximo que pueda.
La visita al local estuvo muy bien a pesar de lo nerviosa que estaba ella por ser su primera vez. Tras pasar por diferentes salas y follar un poco o en alguna nada. Para que nos vamos a engañar, no soy como los de otras historias que he leído por aquí y pueden tenerla dura el tiempo que cuentan. Yo como mortal, tengo un aguante limitado, no escaso, pero si limitado por la capacidad que permite el ser humano. JAJAJA. Bueno. Que fuimos a una sala que es la única donde está permitido fumar, donde solo hay una mesa alta con taburetes, en uno estaba sentado un chico y desde luego terminamos charlando. Como otra nota aclaratoria: En este tipo de locales aquí solo dejan entrar diez hombres sin pareja, y a la zona donde se monta lo bueno no pueden pasar a menos que una de las parejas lo invite.
Pues después de un rato de charla, la que a cada minuto se calentaba más, la cosa derivo en ella de rodillas chupándosela a él. Lo describo brevemente. Delgado, moreno, de unos veintinueve, como mucho treinta uno, metro ochenta más o menos. Mientras ella la tenía metida hasta el fondo en su boca, el me lanzaba miradas. Miradas de esas que no hace falta pronunciar palabra. Ella también lo noto y con su polla en la mano, una sonrisa diabólica. Viéndome a los ojos, tampoco hizo falta que dijese nada. (Momento decepción para el que lee) Me quedé paralizado y no me moví de donde estaba. Marchamos del local, porque solo les permiten estar abiertos hasta las cuatro de la madrugada. Fuimos para casa, hablamos un poco de la noche, follamos como locos y a dormir. Bueno. Dormir ella, porque yo no podía dejar de pensar en la polla de aquel hombre, ni dejar de cuestionarme por qué no me había lanzado. Si en realidad era lo que deseaba.
Con Ruth no solía quedar todos los días, no vivía conmigo. Mierda, he dicho el nombre. La tarde siguiente, casi noche, por momentos me venía la imagen de ella chupando aquella polla y la certeza de que en realidad la envidiaba. Nota: (Si leíste la primera parte no te será difícil entender lo que viene.)
Tras pensarlo y dudar varias veces. Envié un mensaje con una buena dosis de timidez a el chico de aquella noche de bares y experiencia fallida en mi casa. Paso más de media hora cuando contesto mi típico hola que tal. Con un frio, bien, saliendo de trabajar. Lo siguiente que le escribí fue. ¿Te puedo llamar? Y al instante sonó mi teléfono. Estoy casi seguro que hasta me temblaba la voz cuando conteste. Me dijo que pensaba que no le llamaría, y bla,bla,bla. Luego pasamos a si yo quería que nos viéramos, proponer que viniera a mi casa, pero el sugirió, más bien exigió que fuera yo a la suya. Por supuesto, acepte. Lo normal, me envió la ubicación, el número de puerta y alguna especificación, porque no era lejos, pero algo complicado de llegar.
Toque la puerta y me abrió, llevaba unos pantalones cortos y sin camisa. Ahí ya comencé a temblar, no visiblemente, mas bien por dentro. Y no me preguntes por qué. No lo puedo explicar. Abrimos unas cervezas, algo de charla banal, de esas que usas para intentar llegar a donde quieres, pero no sabes cómo. Hasta que el pregunto con mucha seguridad.
¿Entonces qué quieres?
Vacile un poco antes de responder, pero como bocanada de aire aspire el impulso para dejar de fingir o intentar disimular. Y con tono bajo, como cuando no sabes si debes decir lo que tu cabeza te empuja a soltar.
Te voy a ser sincero, comencé diciendo. Llevo tiempo desde aquella noche con unas ganas tremendas y últimamente más, pero no me atrevía. Puede que por vergüenza o por falta de valor. A saber. Quiero que me follen el culo, probar una polla de verdad.
El. Sonriendo, se levantó, me tomo una mano y tiro de mi hasta ponerme de pie. Paso el brazo por mi cintura acercándome, mientras decía, quiero comerme esa boca. Lo que siguió fue un beso bastante lago, de esos que la lengua no llega al estomago porque no es mas larga, de los que la saliva cae fuera de los labios y pasas la lengua para que no se desperdicie ni una gota. Con frenéticos movimientos desvistiéndonos mutuamente, hasta quedarnos sin nada de ropa. Bruscamente me dio la vuelta, diciendo. Déjame ver ese culo rico. (Otra nota: Soy mestizo, lo que se llamaría mulato, tengo un culo redondo, no muy grande, pero algo más que lo habitual en un blanco. Perdón. Caucásico. Por costumbre ya que no soporto el pelo, me depilo todo el cuerpo. Todo todo.)
Me dio un azote, se pegó a mí, momento en que note su polla rozando mis nalgas. Con una mano me agarro la polla y con la otra tirando de mi mentón metió la lengua en mi boca. En ese momento todos los nervios desaparecieron, las dudas se esfumaron.
Escupe aquí. Dijo poniendo frete mi cara la palma de la mano, eso hice. Volvió a besarme, paso su mano por mi raja, mojando el agujero con mi propia saliva. Acariciándolo suavemente y susurrándome al oído.
Te voy a complacer, pero tienes que ser mi puta. ¿Estás dispuesto?
¡Si ¡Voy a ser lo que tú quieras! Respondí.
Asumí el rol de dejarme llevar. Al fin y al cabo, yo era un novato en el tema.
Lentamente, con pequeños mordiscos fue descendiendo por la espalda, dio un par de azotes a mis nalgas para seguido separarlas, meter la cara entre ellas hasta pasar la lengua por el agujero. Instintivamente, incline el cuerpo adelante separando un poco las piernas. ¡Si ¡Estaba en el umbral de la gloria! Se detuvo bruscamente poniéndose de pie. Volvió a pegarse detrás mía, metió la lengua en mi oído.
¿Seguro que vas a ser una puta obediente? Pregunto.
Con el esfuerzo que hay que hacer para poder hablar en un momento así. Conteste que sí.
Se sentó en el sofá separando las piernas, señalando con el índice hacia su polla, lo que inmediatamente entendí. Me coloqué de rodillas frente a él y comencé a hacer lo que en tantos videos porno había visto. Agarre la polla dura como roca con una mano, despacio, con suavidad pase la lengua desde abajo y subiendo, me separe un poco, escupí sobre ella, la masaje con delicadeza. El soltó un suspiro, seguido de. Métela en la boca joder. Rodeándola meticulosamente con la lengua, sin dejar un solo milímetro sin lamer, la metí con cuidado para ver hasta dónde podía llegar. En este punto. Reconozco que me impresione a mí mismo. No sabía que lo disfrutaría tanto, y menos metiéndomela hasta el fondo de la garganta. Evidentemente. Ya había entrenado un poco con el juguete que tengo en casa, pero no es tan grande. A cada minuto que pasaba, mejoraba el ritmo, y más me dejaba llevar. La escupía, pegaba con ella en la cara, frotaba contra mis labios. Volvía a meterla hasta el fondo y a la vez le pasaba la lengua. Y sí. Salivaba como una fuente, también caía alguna lagrima.
El entre gemidos, diciéndome. Jodida puta que boca tienes, y que no esperaba que tan rico se la chupara. Dio dos fuertes golpes a su lado en el sofá. Cuando tuvo mi atención, indico que me pusiera de rodillas ahí, y siguiese chupándosela. Eso fue como subir de nivel. Se dejó caer ligeramente hasta la posición en que su mano alcanzaba mi trasero. Note el dedo húmedo acariciando el contorno del agujero, primero muy suave, luego más intenso, con leves introducciones, que aumentaban rítmicamente. En el instante que entro el dedo completo solté un suspiro contenido y escuché.
¿Te gusta? Puta.
Sin sacar la polla de la boca conteste que sí.
¿Quieres que te folle este culo rico verdad?
Claro. Respondí. Pero déjame chupártela un poco más.
Así seguimos uno minutos. Imposible saber cuántos. Hasta que me empujo separándome de él, se puso de pie. Tiro con brusquedad de mis caderas, haciendo que quedase de rodillas con el torso apoyado en el respaldo del sofá. Abrió un poco mis piernas, separo las nalgas. Lo siguiente fue su lengua recorriendo todo mi culo, alternando con escupidas y dedo. Creo que intentar explicar ese momento a alguien que no lo haya vivido es imposible.
Que rico, que rico. No paraba de decir yo entre suspiros. Hasta que no pude más y le dije. Métemela ya, por favor métemela ya.
Puta zorra. ¿Quieres te folle el culo? Más que una pregunta, era una afirmación.
Si ¡sí. Casi suplique.
Dándome un azote, se puso en pie, froto la polla un poco y luego note como la punta presionaba, separe las piernas un poco más. Fue entrando poco a poco, con movimiento lento. Después, se separaba unos centímetros y volvía a entrar, así varias veces sin decir palabra hasta que ambos notamos que se había adaptado la polla y el culo. No necesite decir nada, lo noto cuando separe aún más las piernas. Dejando bien abierto el espacio, en ese instante aumento el ritmo progresivamente. Con cada embestida provocando un gemido.
Esto es lo que querías zorra. Estabas deseando una polla dura en tu culo. Dijo
Casi con un aullido respondí que sí. Que tenía muchas ganas de esto. Que no parase, que quería más.
¡Ah ¡Sí! Quieres más polla puta. Quieres que te folle bien ese culo rico. Dime que vas a ser mi puta. Quiero oírte decirlo.
Soy tu puta, a la que le encanta tu polla, a la que le puedes follar el culo cuando quieras. Este culito es tuyo, para que lo uses mucho.
Con un movimiento brusco la saco y le pedí que no hiciera eso que la metiera otra vez. Se sentó en el sofá diciendo, súbete aquí. Señalando su polla.
Monte sobre él, se la agarre con la mano y me la volví a meter. Subiendo y bajando sin parar, besándonos, escupiéndonos la cara, la boca. Cada vez con movimientos más acelerados. Hasta que dijo que se corría, que donde prefería toda su leche.
Y mi respuesta fue. En la boca.
Me aparto poniéndose frente a mí, no tardo apenas, enseguida sentí como me caía por toda la cara, escurriéndose a los labios, le pasé la lengua como limpiándola. Y él no paraba de decir. Toma, toma. Aquí tienes tu leche puta zorra, chúpala que te gusta. Sin perder tiempo, como aun la tenía dura, volví a ponerme de rodillas en el sofá, metiéndola otra vez en el culo, el empujando con fuerza hasta hacer que gritara.
Lo demás creo que no hace falta contarlo. Es fácil imaginar como queda el cuerpo cuando es poseído por la satisfacción, mezclada con el claro deseo de que llegue ya la próxima vez.